La alfarería es una de las herramientas creativas más antiguas que conoce el ser humano. Es un excelente medio creador en la expresión plástica. En la alfarería el niño no es un artesano más o menos hábil que resuelve una forma establecida, sino un artista que hace intervenir su propio sentido estético a medida que desarrolla su obra.
En los trabajos desarrollados por nuestros alumnos del colegio Rufino Blanco de Madrid, hemos seguido el método de la aduja (término marino que significa dar vueltas a una cuerda); nuestras vasijas están hechas como las piezas primitivas de alfarería. Están compuestas por tiras de arcilla sobrepuestas hasta obtener una forma, en general helicoidal. Este tipo de trabajos desarrolla la concepción de formas abstractas, el sentido táctil y habilidad en la manipulación de la arcilla. Hemos utilizado arcilla blanca por ensuciar menos y ser más manipulable por las manos infantiles.
Finalmente, los niños y niñas han pintado sus piezas con témperas. Gracias al color, su producto final goza de mayor expresividad.

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