Hace poco compramos un tórculo de segunda mano a través de la aplicación Wallapop. ¡Qué buena oportunidad de volver a hacer creaciones de grabado calcográfico! Acabamos de organizar un meetup con alumnos adultos, y ha salido genial. 

Los asistentes trajeron su diseño listo para calcar en plancha de cobre, y a continuación lo repasaron con punta seca. En este taller de iniciación de dos horas conocieron los materiales, el proceso de entintado y la estampación, con todo lo relativo a la preparación del papel.

El grabado es uno de los procedimientos artísticos más íntimamente ligados a la técnica del dibujo; permite la reproducción exacta, en un número ilimitado de copias, a partir de una matriz o plancha. El grabado supuso durante siglos el medio de difusión cultural más importante de la humanidad; apoyado en el mundo de las imágenes, su papel fue esencial en el desarrollo de la cultura.

 

taller grabado madrid
tallar linoleo

 Existen cuatro tipos de impresión, que definen las variantes del grabado: en relieve, en hueco, planográfica y serigráfica. En la impresión en relieve, la más antigua, se imprime la parte que no se ha tallado. Este es el caso de la xilografía, linoleografía o el grabado en escayola. La xilografía (de xilo: madera, en griego) es la técnica reina que se conocía en China ya desde el siglo VI y en Europa se desarrolló en los talleres de pintores y tallistas. La producción seriada de imágenes que permitía la xilografía, contribuyó a la difusión del conocimiento científico y técnico, desde la botánica a la ingeniería o la arquitectura.

A finales del S.XV la xilografía declina y es sustituida por planchas de bronce y de cobre. La superficie blanda y pulimentada del metal es grabada con la punta cortante del buril metálico y sus huecos entintados, en oposición a la xilografía, en la que se entintan los relieves. La maleabilidad del cobre permitía trazar detalles pequeños y, sobre todo, producir tramas con líneas finas paralelas con el fin de obtener gradaciones tonales de diferente intensidad. La punta seca se caracteriza por la sutileza de sus trazos, es decir, por la escasa profundidad de sus incisiones y por dejar a ambos lados de las líneas unas rebabas de metal levantado muy peculiares y que le proporcionan un aspecto muy especial. Como las incisiones de la punta seca son poco profundas, el número de estampaciones que puede lograrse con ellas es escaso, porque las líneas se van perdiendo poco a poco según vamos estampando y desaparecen también las rebabas características.

Entre el artista y el grabado final solía interponerse muchas veces un intermediario, el técnico grabador que con su punzón copiaba la imagen original del artista, tallándola sobre la plancha de impresión, de modo que el trabajo se dividía entre el artista y el ejecutante. Esta nueva división del trabajo desarrolló los talleres de los maestros con unos ayudantes especializados en fondos, cielos, pliegues de ropajes, y este colectivismo del proceso de producción se tradujo en una mayor productividad y en una mayor densificación icónica.

A finales del S.XVI apareció, en el taller de los armeros el aguafuerte, una técnica de grabado que se obtenía tratando las partes de la plancha de cobre no protegidas por un barniz previo. Más adelante se comenzó a utilizar la plancha de zinc por su mayor resistencia al baño en ácido nítrico que es necesario emplear en esta técnica. La mayor dureza favorece hacer tiradas de más ejemplares. Rembrandt (1.606-1.669) se revelaría como uno de los grandes artistas del aguafuerte.

grabados aves

Con estas técnicas se diversificarían las potencialidades estéticas y los estilos de las imágenes impresas que iban produciendo una cada vez mayor densidad icónica de la sociedad. La Revolución Industrial aportó, entre otras cosas, la mecanización de las técnicas de impresión, accionadas por la máquina de vapor, incrementando con ello espectacularmente la magnitud de las tiradas de los textos e imágenes impresas, que se beneficiaron también de la aparición del ferrocarril para su más veloz y extenso transporte. La densificación icónica supuso una cierta desacralización de la imagen, que empezó a convertirse en un objeto cada vez más asequible, familiar y cotidiano.

cartel la Boheme

Una nueva técnica que contribuyó grandemente a la expansión y la diversificación icónica en el siglo XIX fue la litografía, inventada en 1.796-97 por Aloys Senefelder (1.771-1.834) con el objetivo de imprimir sus partituras musicales. La litografía (del griego lithos: piedra) usaba como plancha de impresión una piedra caliza humedecida y una tinta grasa compuesta por cera, jabón y negro de humo, para trazar las líneas directamente sobre la piedra, sobre la que se adhería. Luego se cubría con tinta de imprimir, que sólo embebía aquellas partes. La litografía aportó varias ventajas técnicas considerables, pues ofreció al artista la posibilidad de dibujar directamente con lápiz graso sobre la piedra caliza, evitando así su dependencia del grabador; y permitía además la impresión de colores (cromolitografía) y su lápiz graso, de trazo más grueso y tonalidad más cálida que el buril, aportó una mayor emotividad a las imágenes impresas. La litografía, que ya se introdujo en Ingaterra en 1.798 (y a España no llegó hasta 1.819) estuvo, como veremos, en el origen de las primeras experiencias fotográficas de Niepce y en la base de la industria cartelística, además de potenciar considerablemente el libro y la prensa ilustrada.

Muchos artistas cultivaron la litografía, entre otros Ingres, Gericault, Delacroix, Millet, Corot, Manet y Degas. La facilidad técnica de la producción litográfica alentó la práctica “amateurista” de este medio de impresión, contribuyendo a democratizar la producción de imágenes. Entre sus cultivadores figuró también Goya, quien realizó una extraordinaria serie sobre temas taurinos. Goya cultivó también la aguatinta, una técnica derivada del aguafuerte en la que la plancha se cubre con resina y se calienta, de modo que la resina queda adherida formando gránulos o puntos. Luego se dibuja sobre la plancha con un pincel mojado en una tinta especial (aguatinta) la imagen que se quiere reproducir y el posterior baño de aguafuerte actúa sobre la superficie tratada. Con esta técnica ejecutó Goya sus famosos Caprichos.

La xilografía tuvo un nuevo renacer en el siglo XIX, gracias al británico Thomas Bewick, quien la perfeccionó con el uso de maderas tan duras como el boj. La prensa ilustrada favoreció la profusión de la maravillosa obra de autores como Honoré Daumier, con sus sátiras sobre la sociedad y Gustave Doré, quien ilustró grandes obras como el Quijote, la Divina Comedia, la Biblia, etc.

xilografia Gustave Dore

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